por Cesar Flórez González/Insurrección ELN
ABP 07/01/10
Corrían los años 70, se encontraba en plena efervescencia la lucha antiimperialista que significó para el mundo revolucionario la heroica gesta vietnamita; estaban frescos los recuerdos memorables de la juventud parisina de aquel mes de Mayo de 1968, que luego haría emblemática la figura del líder guerrillero Ernesto CHE Guevara.
Para aquellos momentos trascendentales que cambiarían por siempre el rumbo de mi vida de dirigente sindical y la de muchos colombianos, tuve la oportunidad de conocer y compartir con importantes dirigentes obreros de Fedepetrol, organismo sindical de segundo grado que agrupaba en su seno a los trabajadores del petróleo, incluyendo a la histórica unión Sindical Obrera USO. Por ese tiempo conocí a Angelino Garzón, presidente de La Federación de Trabajadores Estatales, Fenaltrase y secretario ejecutivo de La CSTC, central obrera que aglutinaba a sectores de sindicatos de tendencia comunista del PCC.
Fueron páginas de lucha donde observábamos y participábamos de las consignas por construir una organización independiente, revolucionaria y democrática del sindicalismo colombiano, evento que luego de muchas actividades se realiza en la ciudad de Medellín del 9 al 12 de Diciembre de 1976.
Allí se logró la importante cita de congregar algo más de 7.000 líderes de talla regional y nacional que ponían a girar a su alrededor las mayorías sindicales y agrarias del país, principalmente aquellos del sindicalismo industrial, magisterial, estatal que se congregaban alrededor de La ANUC, Línea Sincelejo.
En estas jornadas clasistas del movimiento obrero campesino y popular, brillaban con luz propia importantes dirigentes obreros y sindicales, entre quienes se destacaba Angelino Garzón, por su radicalidad, consecuencia y militancia política dentro del Partido Comunista de Colombia, con su accionar, fue ejemplo de combatividad y de consecuencia por la defensa de los intereses del proletariado.
Luego, con el paso del tiempo lo pude ver desde lejos, ya no compartíamos los mismos espacios y las circunstancias me obligaban a mantener la distancia geográfica, más no la sentimental y sensorial por los intereses populares.
Varios años después lo vería en la Gobernación del Valle del Cauca, tercer Departamento en importancia económica y política del país.
El paso por la institucionalidad colombiana, produjo en él, importantes transformaciones ideológicas y políticas saboreando las mieles del poder y ante la cobardía e inconsecuencia en un país como Colombia, donde atreverse a luchar en la legalidad, por cambios siquiera medianamente democráticos, es colocarse un sello lapidario que ha llevado a cientos de luchadores populares a la tumba como escarnio a su osadía. De ninguna manera justifico sus cambios de radicalidad que practicó en la década de los 70.
Su comportamiento de oscilación de la izquierda a la extrema derecha en medio del ritmo de la agitación social, no justifica sus comportamientos erráticos en la confrontación de clases.
Lo más triste y vergonzoso de toda esta historia es su parte concluyente, al ver a este aguerrido dirigente del sindicalismo y de la lucha popular colombiana, postrado al pedestal de vocero del neoliberalismo imperial, (perdón por el pleonasmo). Acto procaz que me produce asco y sentimiento.
No me cabe en la cabeza y pienso que muchos con quienes compartimos antaño los mismos espacios, estarán pensando lo mismo; ponerse al lado de Juan Manuel Santos como formula vicepresidencial, autor intelectual de los “falsos positivos” o crímenes de lesa humanidad, del asesinato en serie de dirigentes sindicales, de la violencia generalizada que vive el país hace más de medio siglo promovida por la familia Santos de El Tiempo, de todas las políticas de desplazamiento forzado y expropiación de tierras a más de 5 millones de colombianos para entregárselas al narcotráfico, a los terratenientes, a los paramilitares y a las transnacionales, no tiene perdón de Dios, como decía mi abuela.
Juan Manuel Santos es además, parte activa de las políticas económicas que han llevado al país a la ruina; uno de los responsables de la entrega de la soberanía nacional con la instalación de las bases militares gringas que buscan frenar la lucha popular, el proceso insurgente nacional y atacar los procesos democráticos y revolucionarios que vive actualmente América Latina, igualmente es corresponsable de las políticas de narcotráfico y paramilitarismo con que el Estado criminaliza, judicializa y trata de corromper la lucha popular.
Angelino es ahora cómplice del régimen mafioso, continuista, guerrerista y terrorista, que un día combatió con decisión y fuerza, pero hoy ha cambiado de bando en un vergonzoso giro de ciento ochenta grados. Por eso me sumo a quienes lo catalogan con razón de traidor a la justa y digna causa del pueblo y los trabajadores colombianos

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