jueves, 19 de agosto de 2010

Desarmar la palabra

Por: David Ravelo Crespo

El pasado 5 de agosto del presente año, asistí a una reunión en la sede del ministerio del interior en Bogotá, donde las diversas plataformas de derechos humanos, participan en la mesa nacional de garantías. En esta reunión donde asistió el alto gobierno, encabezado por el ministro del interior y de justicia, también participo el nuevo Vicepresidente de la republica Angelino Garzón. Sin crearme falsas expectativas sobre este escenario y menos en el nuevo gobierno, que en el fondo es la continuación del matrero Uribe, me llamo la atención la intervención del nuevo vicepresidente quien insistió en la necesidad de desarmar la palabra.

Tal vez, esta afirmación de desarmar la palabra, está relacionada con el lenguaje virulento utilizado por el anterior gobernante, como: “te romperé la cara marica” “terroristas vestidos de civil” “voceros de los terroristas”, “yo les pido a algunos magistrados, que no sigan acabando la justicia”, tantos calificativos contra la oposición política, los periodistas, sindicalistas, los magistrados de las altas cortes, las ONG, los defensores de derechos humanos, abogados y contra quienes se atrevieran a cuestionar su gobierno y sus actos de corrupción.

Este lenguaje de canibalismo también fue llevado a la diplomacia internacional, donde la reciente perorata presentada por el embajador de apellido Hoyos en la OEA, quien está suspendido de por vida para ejercer cargos de elección popular por ser un corrupto comprobado, lo que demostró fue una pobre intervención parecida a un espectáculo circense propio de estos 8 años de manejo no de un país, si no de un establo.

Quienes usamos la palabra, como instrumento y argumento para el sano debate de la cosa pública, creemos que es indispensable garantizar la protección y el respeto por la libertad de opinión y de expresión, porque en estos ocho años lo que hemos vivido es la estigmatización y persecución por pensar y opinar diferente. El tema del espionaje telefónico, los seguimientos, los falsos positivos, las ejecuciones extra judiciales, el desplazamiento y desaparición forzada, las amenazas de muerte, los montajes judiciales, es la expresión de cómo el gobierno de Uribe no solamente armo y enveneno la palabra, sino también que sus funcionarios como el ex director nacional del DAS, Jorge Noguera, utilizo presuntamente este organismo estatal para eliminar físicamente a quienes ellos consideraban enemigos del régimen Uribista.

Uribe, no oculto la molestia, en la posesión del presidente Santos, cuando el presidente del congreso, Armando Benedetti, entre otras cosas Uribista, planteo la triste realidad en que se encuentra Colombia, mas desempleo, mas desigualdad, mas violencia, mas pobreza, mas exclusión, mas hambre, Uribe al escuchar esta triste realidad como deja a los Colombianos, solamente se retorcía en su silla como un alacrán sin aguijón en ese momento, porque quien sabe cuántos aguijones utilizara para seguir armando camorra y quien sabe que otra cosa, contra quienes nos atrevemos a cuestionar el mar de irregulares cometidas en su gobierno.

Estar vivos y libres después de este embrujo troglodita, es una ganancia. Esperemos que la agresión, la persecución y los montajes, sean cosas del pasado, claro sin hacernos falsas expectativas.

Los periodistas en este país han sido maltratados por el régimen Uribista, como los casos de Daniel Coronel y Holman Morris, quienes han soportado con dignidad todo el veneno desplegado contra ellos, pero se han mantenidos incólumes en sus denuncias y posiciones éticas, que son ejemplo de resistencia preservadora por una verdadera libertad de expresión. En el día del periodista felicitaciones a todos y todas, y armarse de valor para seguir opinando.



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