lunes, 24 de enero de 2011

La picota pública.


RELATOS LA CARCEL.
Por: David Ravelo Crespo.

No, no hay cárcel para el hombre,
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierre una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tu, mas sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tu, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy, siénteme libre
Solo por amor.

Miguel Hernández Gilabert.

La verdad y la solidaridad nos harán libres.

Cuando el congresista Iván Cepeda me visito en la cárcel, causó un gran impacto en los internos; para mí fue una sensación de mucha moral, lo mismo sucedió con el concejal de Bogotá Jaime Caicedo, la senadora Gloria Inés Ramírez y la Representante al Parlamento Andino Gloria Flórez.

El acompañamiento de las organizaciones internacionales, como Brigadas de Paz y Christian Aid, ha sido un soporte en la batalla por la libertad. La visita de la  Senadora Piedad Córdoba, también causo un gran impacto en la comunidad carcelaria quienes le reconocieron su combatividad contra las injusticias; desde luego que me sentí honrado con todas estas demostraciones de afecto.

El acompañamiento de las organizaciones sociales, ha sido fundamental, las movilizaciones sociales, las vallas inmensas apostadas en la USO Nacional y la Uso Refinería, donde exigen mi libertad, demuestra que la solidaridad nos ayudara a diluir este montaje. Todas esas demostraciones de apoyo, es el reconocimiento a toda una vida de entrega a la causa de la defensa de la integralidad de los derechos de los ciudadanos, por los que desde mi molesta posición, me he esforzado para que los derechos dejen de ser una aspiración y se conviertan en realidad.

El trabajo por la defensa y promoción de los derechos humanos ha continuado; aquí en la cárcel fui elegido por voto popular como representante del patio al comité de derechos humanos, es decir, quienes pretenden eliminarme encarcelándome para que no ejerza mi función como defensor de los derechos humanos, se equivocan, con mas ahínco lo estoy realizando.

Retomando las palabras del poeta Miguel Hernández: “No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme, no. Este mundo de cadenas, me es pequeño y exterior. Quien amuralla una voz”.
Lo he dicho y lo reitero mis armas han sido las ideas y la voz, y estas siempre han expresado con energía y de manera vertical, sin posiciones pusilánimes, porque en momentos de crisis y persecuciones, momentos de definiciones, la ambigüedad se parece de mentira; siempre he utilizado la palabra y la escritura, los argumentos y la decisión para confrontar al establecimiento y sus grupos paraestatales.

Quienes nos atrevemos a alzar la voz, a denunciar las injusticias, nos mandan los perros de caza y presa, para asesinarnos como lo han intentaron en múltiples ocasiones; o sencillamente se cranean burdos montajes, y para ello utilizan a los testigos falsos y comprados, para que sigan utilizando la mentira como arma de guerra, por cuanto siempre lo han hecho y ahora no es casual, están cumpliendo su papel como instrumentos destructores de vida y tejido social, al servicio de un estado criminal.


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